Alguien a quien fotografiar dormido o despierto.
A quien morder, besar o arañar.
Alguien a quien mirar a los ojos y encontrar la verdad.
A quien abrazar, a quien escuchar reír.
A quien desnudar -y no hablo sólo de quitarle la ropa-.
Alguien con quien llorar, reír, gritar, bailar y romper. Romper con todo lo demás ajeno a nosotros.
Romper con el mundo en general y con el mundo en particular.
Sí,
eso,
romper
con todo.
Alguien con quien compartir orgasmos y no me refiero sólo al sexo.
Alguien a quien ver dormirse y considerarlo la mayor obra de arte.
A quien contar lunares, cicatrices.
Alguien con quien compartir el café y la poesía.
Con quien marcarme cuerpo, corazón y alma. Con quien correr de la mano y correr(nos) abrazados.
Alguien con quien hacer de una cama para uno, una para dos con espacio que nos sobre.
Alguien que convierta mi complejidad en su reto.
Que ansíe tenerme y desee no perderme.
Alguien que escriba sobre mí y que cuando escuche mi nombre... sonría.
Cosas tan simples que no haríamos con cualquiera ni borrachos de decepciones.
Pues no invitaría a cualquiera a conocer el mundo cogidos de la mano.
(ni cualquiera aguantaría compartir un pedacito de su alma con esta bohemia apática)
Letras de una persona vorágine.
sábado, 16 de enero de 2016
A quien quiera que seas.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario