Letras de una persona vorágine.

jueves, 18 de febrero de 2016

Soy mujer.

Soy mujer.
Amo mujer,
siento mujer
y pienso mujer.
Tengo vello corporal que yo decido si quitar,
unos pechos que el tiempo se encargará de marchitar,
y unas marcas en la piel que yo decido si tapar.
Y luego nos enseñan que tenemos que querernos mientras nos bombardean con truquitos para aparentar perfectas.
Soy mujer,
sangro una vez al mes y no me avergüenzo de ello
y los derechos que tengo sobre mi útero son decididos sobre una mesa por un grupo de peleles.
Soy mujer,
y soy guarra,
soy puta,
soy fácil,
soy difícil,
soy lo que yo quiera ser.
Soy mujer,
me han llamado hereje, bruja.
Han llegado a quemarme en la hoguera,
han marcado mi piel con símbolos en signo de discriminación.
Soy la mujer de hoy y todas las mujeres que lucharon por ser mujer,
soy la mujer de ayer y las mujeres a las que no dejaron terminar el año.
Soy mujer y me expreso como me da la gana, pienso como me da la gana y siento como me da la gana.
Soy mujer y yo decido cómo mostrar el arte de mi cuerpo.
Yo soy la única dueña de mi cuerpo,
de cada centímetro de mi cuerpo.
Soy mujer y yo decido cómo me visto y con quien me desvisto.
Soy mujer y me masturbo de piernas abiertas mirándome al espejo,
y follo
y me disfruto.
Soy mujer y no sé en qué momento se decidió que mi cuerpo es una herramienta para vender.
Soy mujer,
tengo una cabeza que no me cabe en el pecho,
unas manos nunca débiles
y la columna siempre erguida.
Soy mujer y me merezco la gloria
y no la pena,
el cielo
y no el infierno.
Soy la mujer que han intentado callar lo que susurraba y ha acabado diciéndolo a gritos.
Soy mujer
y vivo en una sociedad enferma llena de convencionalismos sociales y opresiones.
Soy mujer
y se me llena la boca de orgullo al decirlo.
Soy mujer y la desnudez de mi cuerpo no me resta dignidad, el número de personas a las que abra mis piernas no me hace sucia y el no arreglarme no me hace menos mujer.
Soy mujer y desde pequeña me condicionan a que el rosa es mi color y mis juguetes las muñecas, bebés, cocinitas.
Soy mujer y cuando digo no, es no. No es ni un insiste ni uno de esos "sí" en los que convertís mis "no".
Soy mujer y si de algo estoy segura es de que la violación nunca será mi culpa
y a la mierda con todo aquel que intente hacerme pensar lo contrario.
Soy mujer y quiero el lugar que me merezco en los libros de texto,
exijo mi lugar en los libros de texto.
Soy mujer,
y quiero que mi trabajo sea igual de valorado que el de un hombre
y que mi vientre no sea foco de odio a la hora de buscar un empleo.
Soy mujer y sufro episodios de acoso que si de los cuales me quejo, protesto u ofendo me tachan de exagerada o histérica.
Soy mujer
y soy muy mía
y soy muy libre.

domingo, 7 de febrero de 2016

Salvavidas.

Hablemos de lo que jode sentirse parche.
Aunque, pensándolo bien,
hablamos demasiado de las cosas desechables
olvidando
que somos los primeros en ser desechados.
O hablemos de como jode sentirse solo.
Y no hablo de la soledad de la ausencia de cosas
o de personas.
Hablo de la soledad de los besos que nos faltan.
De la soledad que nos aprieta la garganta,
de la soledad no perecedera.
La soledad que odia los bares porque intentamos matarla en cada trago.
Pero vuelve,
siempre vuelve.
Hablemos de salvavidas.
Dejemos de relacionar esa palabra con un objeto redondo y anaranjado.
Eso no te salva la vida.
Y quien realmente crea que sirve para salvártela,
es que no se ha encontrado al borde del acantilado
y ha necesitado de un abrazo que fuese hogar,
esperanza.
Nadie habla de lo salvavidas que son las personas.
De esas miradas que nos levantan de la cama y esos besos que nos hacen querer volver a ella.
Pero esta vez acompañados.
Esos " yo confío en ti" que te sanan la vida.
Y digo sanan porque nos matamos.
Nos empeñamos en matarnos gastando nuestro amor en los demás.
Luego estamos en números rojos y todavía tenemos los cojones de quejarnos.
Y nos para la policía,
nos hace soplar
y nos multa por sobrepasar el límite permitido en desamor propio.
Pero estamos en rojos, qué más nos da. 
Hablemos,
por último,
de cómo nos matan las personas
y de cómo lo permitimos.