Con derecho a querernos,
a odiarnos
y a echarnos de menos.
Con derecho a echarnos de más,
a no querer vernos,
a jurar que no nos conocemos.
Con derecho a deshacernos la vida,
a arreglárnosla
y a arañarnos el alma.
Con derecho a jugármela,
por algo
o por alguien.
Con derecho a esa libertad que me encadena a un cuerpo.
Con derecho a ser el banco donde alguien se siente a llorar.
Con derecho a comernos las ganas,
a comernos la boca
y a mordernos la vida.
A dejarnos marca.
Con derecho a perderme,
a perdernos
y a encontrarnos en cada abrazo.
Con derecho a leer(te) el amor entre líneas,
a borrarte
y a reinventarte.
Con derecho a emborracharnos de sexo y curar la resaca con más sexo.
Con derecho a jugarme la vida en causas perdidas.
Con derecho a ser,
a sentirnos
y a querer quemarnos la piel.
Pero,
para qué derechos si descuidamos nuestro deber principal; querer.
Saber querer,
-siempre fue
más fácil
quererse mal.
O fingir quererse-.
Porque nadie se lee los términos y condiciones de uso.
Le damos a aceptar ignorando qué pondrá ese puñado de letras.
Y pensamos que, bueno, sólo será mera burocracia.
Maldita la hora en la que pulsamos
"sí, acepto los términos
y condiciones de uso" y no pensamos en que tales condiciones nos cobrarían la factura en decepciones.
Maldita la hora en la que aceptamos.
Como si supiéramos usarnos sin dolernos.
Como si supiéramos besarnos
sin morir
en cada beso.
sábado, 30 de enero de 2016
Con derecho a.
jueves, 28 de enero de 2016
Una barbarie injustificable.
"La explotación de vacas por su leche, es una más de las aberraciones que el ser humano comete con los animales que considera están en el mundo para su provecho".
Las vacas de la industria láctea son sometidas a embarazos forzados, privación de libertad, ordeña intensiva y medicación. Las crías son separadas de sus madres al nacer, para que la leche que naturalmente le corresponde a los terneros sea comercializada. Una vez el ternero nace y es retirado de la madre esta empieza a ser ordeñada y seguirá produciendo leche durante unos diez meses, y antes de que deje de dar leche volverá a ser inseminada otra vez y el proceso continuará así durante toda la vida de la vaca.
Las hembras tendrán el mismo destino que sus madres y los machos se convertirán en carne de ternera, blanda y pálida, para lo cual hay que tener a los pequeños, anémicos y encerrados en naves especiales donde no pueden moverse.
Casi todas las vacas lecheras suelen vivir en unas lamentables condiciones. Se les administran antibióticos, hormonas y tranquilizantes. Son ordeñadas de forma automática dos e incluso tres veces al día lo cual llega a producirles lesiones en las ubres y mastitis.
También debemos saber que sufren infecciones y toda clase de problemas en sus pezuñas ya que estas no son los zapatos más adecuados para vivir permanentemente sobre suelos de cemento.
¿Y después qué?
Las vacas víctimas de la explotación intensiva no viven más allá de 5 o 6 años, cuando su vida podría alcanzar una duración de 20 años, a partir de esta edad su producción láctea empieza a dejar de ser rentable y hay que deshacerse de ellas. Son enviadas al matadero para transformar sus despojos en las populares hamburguesas y salchichas baratas.
Y todavía habrá gente que piense que es pura naturaleza.
domingo, 24 de enero de 2016
Dlodspt.
Esta no es la típica historia de chico conoce a chica.
En esta historia nace la poesía y la poesía no siempre arregla,
sino que también mata.
Pero si algo tengo que pedirle es que me conceda un último deseo.
Antes de que se caiga el espejo
y mis años de mala suerte se multipliquen;
antes de derretirme, herirme, partirme, morirme, rendirme y cualquier verbo con connotación más dolorosa que un beso que llega tarde, o que simplemente no llega.
Porque quién sabe hablar de las heridas que van por dentro, de las heridas que no sangran, de las heridas que no sanan con medicamentos.
Quien sabe hablar de las dudas que llueven y me calan los huesos. Y digo huesos porque mi corazón ya está inundado.
Y yo sólo pienso en inundarme la piel contigo.
Porque quién sabe hablar de las necesidades de las que uno nunca habla y tanto acojonan.
Porque escúchame, estamos muertos de miedo por unos labios
o lo que realmente nos acojona es que esos labios no nos hagan el amor.
"Hacer el amor". Me río de esa expresión si no han sentido lo que yo cuando me miras.
Cariño;
acaba esta poesía y
matemos al vértigo de la distancia.
Pero antes,
si la poesía quiere matarme, que lo haga, pero que me permita un último deseo:
dame un beso
antes del último verso
y hazme volver por la puerta grande.
La de tu boca.
jueves, 21 de enero de 2016
La madrugada del viernes.
¿No os entra una impotencia enorme cuando sentís algo por alguien que no es recíproco?
y sientes como si una bala te atravesase el pecho,
y quisieras tirar al corazón por la ventana,
o simplemente dormir.
Pero no puedes y te jodes. Y te quita el sueño y lo que no es el sueño.
Algunos lo llaman vida.
Otros, ganas de vivir.
Y luego te frustras y escribes poesía para alguien que no te quiere.
Y en esos malditos versos va camuflada la esperanza.
Por si algún día.
Por si acaso.
Luego piensas que si te diese una oportunidad cambiarías los versos por besos.
Pero sólo te queda eso, pensarlo.
Y te mientes. Y te dices que, bueno, que seguramente no seas suficiente.
Y que estás bien, triste pero bien.
Pero explotas.
Y te das cuenta de que todo cansa.
De que todo pesa.
Y de que todo se va
menos quien se tiene que ir
-maldita esperanza-.
sábado, 16 de enero de 2016
A quien quiera que seas.
Alguien a quien fotografiar dormido o despierto.
A quien morder, besar o arañar.
Alguien a quien mirar a los ojos y encontrar la verdad.
A quien abrazar, a quien escuchar reír.
A quien desnudar -y no hablo sólo de quitarle la ropa-.
Alguien con quien llorar, reír, gritar, bailar y romper. Romper con todo lo demás ajeno a nosotros.
Romper con el mundo en general y con el mundo en particular.
Sí,
eso,
romper
con todo.
Alguien con quien compartir orgasmos y no me refiero sólo al sexo.
Alguien a quien ver dormirse y considerarlo la mayor obra de arte.
A quien contar lunares, cicatrices.
Alguien con quien compartir el café y la poesía.
Con quien marcarme cuerpo, corazón y alma. Con quien correr de la mano y correr(nos) abrazados.
Alguien con quien hacer de una cama para uno, una para dos con espacio que nos sobre.
Alguien que convierta mi complejidad en su reto.
Que ansíe tenerme y desee no perderme.
Alguien que escriba sobre mí y que cuando escuche mi nombre... sonría.
Cosas tan simples que no haríamos con cualquiera ni borrachos de decepciones.
Pues no invitaría a cualquiera a conocer el mundo cogidos de la mano.
(ni cualquiera aguantaría compartir un pedacito de su alma con esta bohemia apática)
lunes, 4 de enero de 2016
Algún día.
Algún día mi nombre volverá a rozarte.
Volverás a toparte con fotogramas y te hallarás sin darte cuenta en el lugar donde un día fuimos felices.
Algún día volverás a escuchar una historia sobre mí.
Sabrás si me va bien o mal, de eso se encargarán, y recordarás que, juntos, odiábamos cada historia ajena a nosotros.
Algún día volveremos a cruzarnos.
Esta vez como dos desconocidos que saben de memoria cuantos lunares suman juntos.
Que saben que el café sabe mejor bajo la misma manta y que la vida es menos puta si tienes a alguien que convierta tus domingos en besos.
Que
saben
correrse
abrazados.
Algún día te preguntarán por mí.
No respondas, finge que no me recuerdas.
Finge que no recuerdas que mi risa era tu banda sonora y que mis dedos la compusieron en tus clavículas.
Algún día pensarás en mí.
En lo que pudimos ser y no fuimos. En lo que hicimos mal o bien. En lo que no hicimos.
En el tiempo que ganamos o perdimos, en el que no vas a recuperar y en el que volverías a perder.
Algún día rescatarás una foto nuestra, escucharás una de las canciones que oíamos de la mano y observarás por la ventana.
Como aquel que busca consuelo en cualquier esquina de la calle, como aquel que mira desolado lo que la vida es, como aquel que lleva un recuerdo en la mirada que gritarle al mundo.
Algún día buscarás respuestas como si de derechos se tratase.
Olvidarás las obligaciones que tuviste.
Las que quedaron en el tintero y las que te llenaron la vida de tinta.
Hay manchones preciosos y manchones muy hijos de puta.
Vidas manchadas y manchas en la vida.
Caminos unidos después de romperse y caminos separados que nunca se han roto.
Luego
estamos
nosotros.
domingo, 3 de enero de 2016
Valerie.
Un par de letras desordenadas en mi cabeza.
Una canción, unos cuantos suspiros y las luces de las farolas iluminando lo que queda de mí.
Huele a muerto, pero por dentro.
Y yo no tengo ventanas que poder abrir.
Por tener no tengo ni aire y el viento me esquiva.
Sólo papel, lápiz y muy pocas ganas de levantarme de la cama.
Tiemblo al pensar en la mala letra con la que empecé a escribir ciertas historias.
Amy canta Valerie y yo no canto victoria.
Hace tiempo que he dejado de gritar.
Cierra la ventana.
Que ahogue.
Que agobie.
Que abrume.
Que consuma.
Quizá de ahí pueda renacer.