te cuido como a una bola de cristal,
será que la vida me castiga.
Contigo entendí que no hay mañana que valga más que aquí, ahora y entre cuatro paredes.
Que hoy se nos va la vida entre las manos pero que mañana puede ser que no haya viaje de vuelta.
Que tú siendo sólo tú, contigo y tuyo me hiciste libre.
Me he saltado todos tus semáforos en rojo porque entendí que hay mil formas de ahuyentar
a quien no tiene el valor suficiente para salvar una vida.
Beso uno a uno todos los "no" que tu boca suicida me recita. Aunque nadie me habla como tus ojos.
Luego yo, que siempre pestañeo cuando pasan estrellas fugaces. Que tengo un silencio entre los labios,
que no pertenezco a ningún lugar porque abandoné mi casa.
Que no confío en quien me quiere, que escribo porque no soporto mi ruido.
Yo, tan prescindible como un signo de exclamación al principio de cada frase.
Tan convencida de un algo por la simple fuerza de la fe y la esperanza unidas como si de un cóctel molotov se tratase.
Creyente de una religión que lleva tu nombre.
Porque entendí que las matemáticas se equivocaban cuando me enseñaron que menos por más era menos y te conocí.
Me volví absolutamente agnóstica.
Te creo y no confío en ti.
No es casualidad que escuchar a Delaossa cantar aquello nos parta el alma y nos consuele al mismo tiempo.
Te quiero conmigo en cada esquina.
Te quiero más, pero siempre después de ti.
Hoy vuelvo a sentir el vértigo que siempre termina en caída libre.