El primer día de 21 llegué a odiarme tanto que acabé besándome.
Al segundo me miré resignada.
Al tercero traté de no cerrar los ojos para no verme por dentro.
Él me leía mi poema que hablaba de otros, sin saber que acabaría siendo protagonista del mismo.
Y prometía al corazón otra simiente.
Nunca me prometas nada.
¿De qué manera doblegarse y desplegarse para contener todo el amor que otros me negaron?
Aspiro inocente a que el daño vuelva a ser sólo otra pesadilla. Ahora sé que lo que de verdad da miedo es lo que no existe.
Son las 8:14 de la mañana. La hora perfecta para darme cuenta de la incompatibilidad entre el silencio de la ciudad y el mío.
No estoy rota, es que no quiero jugar.
Dame un respiro, espero curarme en 14 días. "La gente quiere verse reflejada en algo que, tras la agonía, renace. Nadie quiere verse reflejado en un cadáver."