Pasamos a desconocer lo más profundo de nuestro corazón, llegando a replantearnos quiénes somos y qué estamos viviendo.
El frío que puede dar tu propia cabeza no se compara ni con el más grande iceberg. La soledad, esa oscuridad infinita. La insatisfacción de la que intentas olvidarte cada noche.
El trago que te duerme y el sueño que te esperanza. Humo. Sólo humo.
A veces pasa que la vida no pasa. O que pasa pero no para todos.
O que pasa pero estás fuera de ella. Algo así.
He estado toda la noche viendo como el viento le arrancaba las hojas secas a un árbol hasta dejarlo totalmente desnudo. Al lado, un cementerio.
Ahí entendí todo.
Estaba solo, tiritando y sacudido, rodeado de finales. Pero rígido y firme. Vivo al fin y al cabo.
Fue como verme ahí, en mitad del frío y la noche, sola y desnuda, mirando a la Parca a los ojos. Pero aún viva.
Hay gente que no está hecha para entender ciertas guerras, hay gente que no entiende que la rabia no te deje hablar.
Sólo pido calma.