Seamos intolerantes al silencio,
para que ni una más,
n i u n a m á s.
Hemos llegado de todas partes
unas tristes, otras alegres,
algunas rotas, pero aquí estamos.
Nos encontramos
proclamando la soberanía de nuestros cuerpos,
defendiendo la libertad de nuestros pasos.
Haciendo resonar nuestra voz.
de continente a continente.
Acarreando esperanzas
en la desesperanza.
Reclamando nuestro escalón, nuestro sitio.
Reclamando la vida que nos pertenece.
La integridad, las oportunidades. El reconocimiento.
Mujer muerde la manzana,
que es sólo un cuento que un rey se inventó para no perder
su trono.
A pesar del mal tiempo
mi corazón
atisba nuevos mundos.
Por Marta, Laura, Diana, María, Natalia, Jennifer, Celia,
Paz, Dolores, Patricia, Mar, Magdalena y un sinfín de nombres que me rompen el
corazón.
Por vosotras hoy no mordemos la manzana,
nos la comemos entera.
Escribo contra aquellos cómplices.
Contra los que callan.
Contra los que niegan.
Contra los que nos acusan de crear una guerra absurda
fundada en nada.
Contra los que temen perder su pequeña parcela de poder.
Contra los que ni oyen ni escuchan, pero tampoco quieren.
Contra los que nos dicen que todo está bien.
Contras los que se niegan machistas.
Escribo por las que se quieren vivas.
Por las que se quieren libres.
Por las que se quieren suyas.
Por las que niegan la lucha escribo, porque todas somos una.
Escribo por las que ya no están, aunque eso no les devuelva
la vida.
Escribo para que ninguna más deje de no estar.
Porque hay hombres que no están en mi vida y me hacen
temblar.
Y me gritan. Yo soy la mujer que grita que es libre.