Estamos acostumbrados a leer que "donde te hacen sonreír el alma, ahí es". Pero, y si quien te hace sonreír el alma es la misma persona que te la destroza, ¿es ahí? Y si te abandonan el alma, dejándola sola en medio de la nada, ¿sigue siendo ahí? Aunque vuelva luego a buscarte. La esperanza de que cambiará te destroza, ¿de verdad que es ahí?
Irte duele pero quedarte mata. Si algo he aprendido en mi efímera existencia es que de las ruinas puede volver a nacer algo, muchas veces más grande que lo anterior. Parafraseando a Julia Roberts: "las ruinas son un regalo, las ruinas son el camino a la transformación".
Es una pena que, a veces, en la vida se dé la circunstancia de que cuando encontramos a alguien que merece la pena, dispuesto a cuidar nuestra alma hasta cuando nosotros mismos no podemos, estemos tan cansados que ya no sepamos verlo, que no queramos verlo, ni siquiera intentarlo. Alguien que sabe ver tu delicadeza, tu scar tissue, el paisaje que esconde tu piel. Si algo he sacado en claro, más allá de la pura belleza poética que me ha ayudado a sobrevivir (y a vivir), es la rendición a lo romántico. El amor nunca se puede abandonar, hasta cuando lo único que pasa por nuestra cabeza sea un odio inmenso con el que desearíamos poder acabar con todas las muestras de amor existentes en el planeta. Una vez leí una frase que decía: "¿a la mierda el amor? ¡no! a la mierda la persona que te hizo pensar eso". Cada vez que me resulta insostenible mirar a unos ojos más de tres segundos porque me aterra que me descubran, pienso en ella.
Porque si bien nunca fuimos necios que se creyeron que el amor no dolía, tampoco debemos cargar con una tristeza que no nos corresponde, una pena que ni siquiera es nuestra. Lo negativo nunca compensa, pero da perspectiva y herramientas para agarrar con fuerza lo bueno cuando venga. Ahora busco besar la calma, mi bandera blanca es mi piel desnuda.
Es increíble, en verdad, cómo se desvirtúa todo el mundo sentimental cuando caes. He entendido que la única manera de vaciarse de un amor que no te corresponde es llenándose de silencio. Al final uno es preso de todo lo que ha amado, sólo hay que saber transformarlo, contemplarlo desde lejos y volverlo tinta. Y desde la más pura calma dejar que se vaya evadiendo.
Ahora todo lo que sé es que he vuelto a tener todos los continentes en mi bolsillo después de besar, que he vuelto a creer y que, aunque a veces tiemblo de miedo, me arriesgo a vivirlo. Que ahora el alma sí sonríe.