Letras de una persona vorágine.

sábado, 26 de diciembre de 2020

Y a seguir.

Doy refugio constante a un sentimiento de huida. No importa en qué punto de mi vida me encuentre, no importa quién me rodee, nunca desaparece. Cuándo empezó no lo sé, sólo que no recuerdo existir sin ello. Como si nunca pudiera estar conforme y si faltasen emociones... me las invento. 

Me obligo de una manera casi sobrehumana y sin queja a soportar dolores que me parten los huesos. Sin embargo, nunca deja de albergarse un resquicio de esperanza que desearía poder matar con mis propias manos. Agarrarle fuerte del cuello y sentir en mi piel como se va consumiendo hasta morir. Esperanza que me alienta a seguir sometiéndome, de manera absurda, a usar tiritas humanas para hacerme creer que no estoy tan hueca, que la vida no me pesa tanto. Y a seguir. 

lunes, 7 de diciembre de 2020

Somos una conversación - Hölderlin.

Últimamente divago sobre el nivel de verdad al que se puede llegar con uno mismo. Ahora bien, no puedo caer en la psicología barata, y mucho menos tratar de escribir algo motivacional con respecto a esto, sólo sé hablar desde mi perspectiva y de lo que conozco. Yo trato de vivir mi vida siendo sincera con lo que creo y asumiendo los riesgos o no que mis decisiones puedan tener.

El simple hecho de salir de tu zona de confort por alguien, aún sabiendo la paz sacrificada que para conseguirlo te ha costado, íntimamente ligado a la inseguridad y miedos creados fruto de relaciones nefastas o que, simplemente, no funcionaron. Pero, ¿es esto una traición a uno mismo? 

Quizá ni siquiera nos planteemos esta conversación entre corazón y mente, entre intuición y lógica. Decirse la verdad a uno mismo es difícil. Dice Paulo Coelho que el único sitio del que no podemos escapar es de nuestro corazón; por ello es conveniente escuchar lo que tiene que decirnos. Entrar en un espacio de conversación sincera con uno mismo requiere mucho valor para aceptar lo que es y para no reprimir la voz de nuestra intuición, de nuestro corazón. 

Ser sincero con uno mismo es una liberación, ya que uno deja de intentar ser otra persona. Cuando ves que tu mundo interior se convierte en una batalla entre los deseos propios y las expectativas de los demás, puedes caer en un profundo hoyo emocional que se repite en bucle. 

Aunque la sinceridad sin empatía es simplemente crueldad, sincericidio, incluso con uno mismo. Nos imponemos realidades que de realidad no tienen nada, trabajamos para convencernos de cosas hasta el punto de no creer en nada más, nos obligamos a cambiar para adaptarnos a la hostilidad que percibimos o que sentimos que rodea al mundo emocional. Pensamos, creemos firmemente que así estaremos mejor. Ni nos planteamos el hecho de que estamos perdiendo lo más importante que tenemos: a nosotros mismos. 

Renunciamos a miles de sensaciones, de experiencias, de sentimientos. No estamos dispuestos al mínimo riesgo de dolor. Lo que me hace volver al principio, ¿es posible, entonces, ser fiel y sincero con uno mismo durante toda la vida? ¿es lícito traicionarse según la época en la que uno crea estar? ¿está ligado el cómo percibimos la realidad con el nivel de sinceridad personal?

Nuestros sentimientos están muertos de miedo. Nuestras emociones más sinceras se debilitan. Todavía no sabemos si la zona de confort nos salva más de lo que nos mata.

sábado, 26 de septiembre de 2020

donde te hacen sonreír el alma

Estamos acostumbrados a leer que "donde te hacen sonreír el alma, ahí es". Pero, y si quien te hace sonreír el alma es la misma persona que te la destroza, ¿es ahí? Y si te abandonan el alma, dejándola sola en medio de la nada, ¿sigue siendo ahí? Aunque vuelva luego a buscarte. La esperanza de que cambiará te destroza, ¿de verdad que es ahí? 

Irte duele pero quedarte mata. Si algo he aprendido en mi efímera existencia es que de las ruinas puede volver a nacer algo, muchas veces más grande que lo anterior. Parafraseando a Julia Roberts: "las ruinas son un regalo, las ruinas son el camino a la transformación".

Es una pena que, a veces, en la vida se dé la circunstancia de que cuando encontramos a alguien que merece la pena, dispuesto a cuidar nuestra alma hasta cuando nosotros mismos no podemos, estemos tan cansados que ya no sepamos verlo, que no queramos verlo, ni siquiera intentarlo. Alguien que sabe ver tu delicadeza, tu scar tissue, el paisaje que esconde tu piel. Si algo he sacado en claro, más allá de la pura belleza poética que me ha ayudado a sobrevivir (y a vivir), es la rendición a lo romántico. El amor nunca se puede abandonar, hasta cuando lo único que pasa por nuestra cabeza sea un odio inmenso con el que desearíamos poder acabar con todas las muestras de amor existentes en el planeta. Una vez leí una frase que decía: "¿a la mierda el amor? ¡no! a la mierda la persona que te hizo pensar eso". Cada vez que me resulta insostenible mirar a unos ojos más de tres segundos porque me aterra que me descubran, pienso en ella.

Porque si bien nunca fuimos necios que se creyeron que el amor no dolía, tampoco debemos cargar con una tristeza que no nos corresponde, una pena que ni siquiera es nuestra. Lo negativo nunca compensa, pero da perspectiva y herramientas para agarrar con fuerza lo bueno cuando venga. Ahora busco besar la calma, mi bandera blanca es mi piel desnuda. 

Es increíble, en verdad, cómo se desvirtúa todo el mundo sentimental cuando caes. He entendido que la única manera de vaciarse de un amor que no te corresponde es llenándose de silencio. Al final uno es preso de todo lo que ha amado, sólo hay que saber transformarlo, contemplarlo desde lejos y volverlo tinta. Y desde la más pura calma dejar que se vaya evadiendo. 

Ahora todo lo que sé es que he vuelto a tener todos los continentes en mi bolsillo después de besar, que he vuelto a creer y que, aunque a veces tiemblo de miedo, me arriesgo a vivirlo. Que ahora el alma sí sonríe.  

jueves, 21 de mayo de 2020

a quién le importa que esté la luna sola.

como la Luna de esta noche. Brillante y casi completa, pero con un resquebrajo en su costado. 
Como si la hubieran dejado ahí arriba, sola, 
como si no tuviera cómo completarse,
como si alguien hubiera cogido el trozo que le falta y se hubiera ido al sol, lejos, a sabiendas de que ella nunca podría ir a por su parte perdida. 
Brilla reclamando por derechos y principios su lugar, 
y aún estando incompleta, ilumina más que tú.
Acostumbrada a excusas, decías que eras una bomba de relojería y te fuiste, sin saber que era artificiera que no duda entre el cable rojo o azul. 
No me diste tiempo, explotando sin cuenta atrás, siendo infiel hasta a tu propia naturaleza. 
Volví a meter la cabeza en el hoyo por ti, por mí y por todos nuestros sentimientos. ¿No era así? 
Nuestra historia siempre ha sido un juego donde ganaba el más jodido,
un pulso entre cojones, mente y corazón.
No tengo palabras que acaben contigo
pero todo se ordenará cuando lo escriba.
Últimamente te vacías el alma en noches sin Luna a la que gritar, a la que aullar. Siempre cambiante, como un triste ojo que no halla objeto digno de su constancia.
Lo tuyo es una vida repleta de soledad por mucho que yo te quiera.
Media Luna acunando los besos que me quedan por darte,
la intensa brevedad de cuatro palabras que me hacen seguir viviendo.
Que venga el sol, que yo nunca acabaré. Aunque siempre termino por acabar cuando el sol me obliga a volver a la vida.
He estado pensando en todo lo que no sabrías si este fuese mi último poema,
eres listo como el deseo e invencible como la insatisfacción.
Yo hubiera puesto la mano en el fuego por ti y ahora sé que me hubiera quemado. No dudaría en volver a hacerlo.
Al final, todo se resume en la eterna duda de si vivir una vida vacía y sin dolor;
o una vida llena, que un día te lo quite todo causándote el más grande de los dolores.
Ahora sólo nos queda sonreír con los ojos llenos de lo que un día fueron risas;
porque los ojos no mienten 
aunque nosotros lo intentemos constantemente.

domingo, 29 de marzo de 2020

17

A punto de llorar por asumir no tener a nadie por quien llorar. Inconformidad.
Un poeta intentando dejar de sentir amor es un callejón sin salida. Porque el poeta come, traga, ni mastica, para hacer del mundo un lugar mejor. O, al menos, habitable. 
¿Puede el dolor irse o simplemente nos limitamos a camuflarlo con tiritas de irracionales emociones?
¿Por qué no sé pedir ayuda? Pero quién podría ayudarme más que yo. 
Ejerzo el silencio porque es el único derecho que me queda para no retorcerme los dedos. 
Mi dolor se silencia,
se ata, 
se amordaza. No opone resistencia, no lucha. 
Mi dolor no se libera pues en su lugar pondrían el tuyo.
No quiero escribir el dolor que me provoca que a ti no te lo provoque. De mi calvario tú te callas. 
Creo; es imposible escribir sin haber sufrido, sin sentir el puñal en las entrañas, sin sentirse totalmente desgarrado. 
Un necio llama talento a una necesidad y se oye un aplauso.
La falta de aire no es poesía. 
No me tiene que doler mi condición de dolorida. 
Es más fácil cargar con las equivocaciones de otros. Las de uno, matan. Sentir haber contribuido a la grieta que otros te hicieron. Ser tu propio verdugo, tu veneno. 
Me pido perdón con los ojos llenos del agua de la esperanza en la que un día confié. 
Una ofrenda innecesaria de lágrimas a tus raíces. 
Cada año cumplo diez más y me hago más pequeña.