A punto de llorar por asumir no tener a nadie por quien llorar. Inconformidad.
Un poeta intentando dejar de sentir amor es un callejón sin salida. Porque el poeta come, traga, ni mastica, para hacer del mundo un lugar mejor. O, al menos, habitable.
¿Puede el dolor irse o simplemente nos limitamos a camuflarlo con tiritas de irracionales emociones?
¿Por qué no sé pedir ayuda? Pero quién podría ayudarme más que yo.
Ejerzo el silencio porque es el único derecho que me queda para no retorcerme los dedos.
Mi dolor se silencia,
se ata,
se amordaza. No opone resistencia, no lucha.
Mi dolor no se libera pues en su lugar pondrían el tuyo.
No quiero escribir el dolor que me provoca que a ti no te lo provoque. De mi calvario tú te callas.
Creo; es imposible escribir sin haber sufrido, sin sentir el puñal en las entrañas, sin sentirse totalmente desgarrado.
Un necio llama talento a una necesidad y se oye un aplauso.
La falta de aire no es poesía.
No me tiene que doler mi condición de dolorida.
Es más fácil cargar con las equivocaciones de otros. Las de uno, matan. Sentir haber contribuido a la grieta que otros te hicieron. Ser tu propio verdugo, tu veneno.
Me pido perdón con los ojos llenos del agua de la esperanza en la que un día confié.
Una ofrenda innecesaria de lágrimas a tus raíces.
Cada año cumplo diez más y me hago más pequeña.
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