Podría hablarte de miedos de un pasado que ni tú ni yo nos merecemos.
Podría decirte que no se puede curar a quien no quiere ser curado.
"Jamás te descubrirías tras tu máscara de corazón fuerte, pero algún día lo harás. Porque no se puede besar con los labios cubiertos ni querer con el corazón a oscuras".
Te contaré que se puede querer con el corazón en la mano, el pecho o el suelo. Pero querer.
Que hay que tener muchos cojones para querer a alguien aún sabiendo que una mañana será el motivo de tener un hueco imposible de llenar.
Que quisiera volverte rutina. Enfadarte sólo para abrazarme más fuerte después. Que mi mundo gire frenéticamente alrededor de ti, que tengo un saco de valor cargado a la espalda.
Y todo empezó así, sin parecer el comienzo de nada. Ser valiente y ya, nos lo habíamos prometido. Supongo que no todos entienden la magnitud de una promesa. Jugamos con esa palabra cual niño dando patadas a un balón; la vapuleamos y después le echamos la culpa al compañero de al lado.
Y yo juraría que he encontrado la paz enredando mis dedos en tu pelo. Que se han quedado en mí impresas las caricias, besos que escucho en un eco profundo. Me sé el diccionario de tu silencio de memoria.
Comprendí, tras ese espacio de perspectiva que te da el tiempo, que un beso resucita y que una huida mata. Por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida, es que no has vivido nada. Ojalá no me robe la intimidad otro cuerpo.
Cae la noche, llega nuestro momento,
y mientras yo te hago el amor, tú me vas haciendo poeta.
y mientras yo te hago el amor, tú me vas haciendo poeta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario