Cómo explicarte en un café que yo lo que quería eran dos vidas.
Dos vidas porque tomaría los caminos largos, dejaría atrás los atajos y perdería el tiempo contigo sólo para encontrarlo en ti.
Dos vidas para las noches de motel y sexo desenfrenado. Hacer el amor como si el amor no hubiese existido nunca. Sucio, caluroso, ansiado, eterno. Hasta que el mundo nos suplique calma.
Si alguien pudiese mirarnos, contemplarnos en mitad de esa entrega, se le llenaría el corazón de una luz rara y luego explotaría.
Cuando dos quieren, la madrugada se vuelve día y el martes se vuelve sábado.
Verte fumar era como ir al estreno de una película muda. Liabas un cigarro, lo colocabas en tu boca, lo encendías e ibas echando el humo poco a poco. Y sin decir nada volvías a mirarme.
Porque me mirabas y realmente me mirabas.
Tú sabes que quiero y juegas con esa ventaja.
Se me nota que, al mirarte, no necesitaría volver a mirar a nadie.
Pero iba a ser imposible salir ilesos de esa vorágine.
Es igual de importante saber quedarse que saber irse. Si lo pienso, suspiro. El silencio siempre ha estado con nosotros.
"Quiero llegar lo más lejos posible", y nos lanzaste al vacío.
Ahora dime que tú tampoco sabes dónde estás si nos damos la espalda.
Por favor.
Súbeme la persiana esta mañana.
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