Hablemos de lo que jode sentirse parche.
Aunque, pensándolo bien,
Aunque, pensándolo bien,
hablamos demasiado de las cosas desechables
olvidando
que somos los primeros en ser desechados.
O hablemos de como jode sentirse solo.
Y no hablo de la soledad de la ausencia de cosas
o de personas.
Hablo de la soledad de los besos que nos faltan.
De la soledad que nos aprieta la garganta,
de la soledad no perecedera.
La soledad que odia los bares porque intentamos matarla en cada trago.
Pero vuelve,
siempre vuelve.
Hablemos de salvavidas.
Dejemos de relacionar esa palabra con un objeto redondo y anaranjado.
Eso no te salva la vida.
Y quien realmente crea que sirve para salvártela,
es que no se ha encontrado al borde del acantilado
y ha necesitado de un abrazo que fuese hogar,
olvidando
que somos los primeros en ser desechados.
O hablemos de como jode sentirse solo.
Y no hablo de la soledad de la ausencia de cosas
o de personas.
Hablo de la soledad de los besos que nos faltan.
De la soledad que nos aprieta la garganta,
de la soledad no perecedera.
La soledad que odia los bares porque intentamos matarla en cada trago.
Pero vuelve,
siempre vuelve.
Hablemos de salvavidas.
Dejemos de relacionar esa palabra con un objeto redondo y anaranjado.
Eso no te salva la vida.
Y quien realmente crea que sirve para salvártela,
es que no se ha encontrado al borde del acantilado
y ha necesitado de un abrazo que fuese hogar,
esperanza.
Nadie habla de lo salvavidas que son las personas.
De esas miradas que nos levantan de la cama y esos besos que nos hacen querer volver a ella.
Pero esta vez acompañados.
Esos " yo confío en ti" que te sanan la vida.
Y digo sanan porque nos matamos.
Nos empeñamos en matarnos gastando nuestro amor en los demás.
Luego estamos en números rojos y todavía tenemos los cojones de quejarnos.
Y nos para la policía,
nos hace soplar
y nos multa por sobrepasar el límite permitido en desamor propio.
Pero estamos en rojos, qué más nos da.
Nadie habla de lo salvavidas que son las personas.
De esas miradas que nos levantan de la cama y esos besos que nos hacen querer volver a ella.
Pero esta vez acompañados.
Esos " yo confío en ti" que te sanan la vida.
Y digo sanan porque nos matamos.
Nos empeñamos en matarnos gastando nuestro amor en los demás.
Luego estamos en números rojos y todavía tenemos los cojones de quejarnos.
Y nos para la policía,
nos hace soplar
y nos multa por sobrepasar el límite permitido en desamor propio.
Pero estamos en rojos, qué más nos da.
Hablemos,
por último,
de cómo nos matan las personas
y de cómo lo permitimos.
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