Recuerdo aquellas Navidades en familia, cuya celebración en casa de mi abuela era la excusa perfecta para juntarnos todos a comer en una misma mesa, cantar villancicos y jugar a juegos de mesa. Ahora, en cambio, creo que esos valores se están perdiendo a pasos agigantados y que la Navidad no es más que una campaña de marketing a nivel mundial en el que sólo se buscan los mayores beneficios posibles. De verdad que cada vez le estoy cogiendo más asco al capitalismo, que lo único que fomenta es el enriquecimiento de unos pocos. Junto a esto y centrándonos más en lo social, en las personas, se han perdido por completo los valores de unidad de la familia. Se piensa únicamente en los regalos. Son las propias personas las que centran la Navidad en lo material. ¿No os resulta patético? porque desde luego, a mí sí. Por no mencionar que desde pequeños nos meten en la cabeza que son épocas de regalos principalmente. La Navidad ya no es lo que era, y entiendo a la perfección que haya cada vez más gente (me incluyo) que la rechace. Ya casi nadie celebra la Navidad como un acto religioso, sino más como una tradición familiar. Hasta ahí lo considero incluso normal y comprensible (dado que actualmente existen más ateos que antiguamente), pero desde luego es denigrante que la tradición familiar se convierta en puro materialismo.
Por otro lado y ya para acabar, cuando falta una persona, algún plato en la mesa, las Navidades dejan de ser por partida doble lo que eran, llega a convertirse incluso en una época de dolor que deseas que termine cuanto antes.
Sin más que añadir, espero que vuestras fiestas sean lo más amenas posibles y valoréis verdaderamente el poder pasar la Navidad en familia.
Letras de una persona vorágine.
jueves, 25 de diciembre de 2014
El mundo está podrido.
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