No hay nada peor que engañarse a uno mismo. No hay nada que duela tanto como fingir que no me importas. La indiferencia es lo que más duele, dicen, pero yo no sabía que sería a mí a la única a la que dolería.
Y después vienes tú, con tu chantaje de boca, con tu sonrisa perfecta y tu humor intacto, con tu falsa amabilidad y tu hipócrita simpatía. Y ahí estoy yo, tan indefensa y sin coraza. Tan ingenua, tan segura e insegura. Tan expuesta de nuevo a ti.
Letras de una persona vorágine.
martes, 11 de noviembre de 2014
Sin coraza e indefensa.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario