vivo en esa parte difícil de la vida donde uno bebe por no reconocerse.
Me arranco el corazón una vez al año desde los últimos diez.
No más latidos,
se me encoge el corazón en defensa propia.
Soy una niña que viaja en cuerpo de vieja con recuerdos vestidos de luto.
Vivo enredada en guerras ya perdidas
porque no hay nada peor que dejar de vivir triste, enfadada o cansada
sino aburrida cuando eres cuerpo arrastrado sin vida.
He visto cómo olvidaba mi rostro quien un día tomó mi latido, lo hizo suyo
y me dejó huérfana de sangre.
He leído mil veces los mensajes que nunca recibí cuando sentí que vivir era un sueño no para mí.
He guardado la voz de mi padre en el pecho porque a veces necesito algo a lo que llamar hogar.
Por una vez desearía que las cosas fuesen fáciles,
que manos amigas me sostengan mientras caigo.
Vivo en mis heridas y no me lam(ent)opero no quiero hablar de resiliencia, se lo debo a mi abuela,
sólo inventar una nueva táctica de resistencia.
De qué me sirve un corazón a prueba de balas
si me reconozco donde duele
y eso es lo que me mantiene blindada.
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