en este invierno eterno que algunos llaman «vida»,
es de mi valentía
y de todas las veces que mi corazón ha latido por dos
sólo por evitar la muerte del prójimo
todas las veces que mi corazón,
roto,
cedió su latido.
Todas las veces que dejé de bombear para mí
sólo para que alguien tuviera suficiente sangre
con la que mancharse las manos
al sepultarme
por todas las veces que me quedé sin aire
todas las veces que yo misma me envié a la horca
todas las veces que llamé «amor» a mi verdugo
mirándole a los ojos
esto es lo que soy,
un corazón que abarca un mundo
del que no me puedo desprender
sólo recorrer.
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