Letras de una persona vorágine.

viernes, 23 de abril de 2021

la libertad de no querer.

Libertad
de no querer quererte,
de no querer querernos, 
de no querer quererme.
Hay quienes todavía son agnósticos en el bien propio
y creyentes tan puramente cegados que no te dejan sanar.
Porque el amor es lo más importante o eso nos han enseñado.
Yo no me quiero ni acordar. 
Utilizo el alcohol como placebo de un corazón que tiene más heridas que sangre y que bombea gracias a un marcapasos que cuenta cada latido.
365. Ni uno más. A veces alguno menos. 

Sangre en unas venas que no me atrevo a cortar por falta de tiempo. 

Sé que estoy muerta porque camino por la calle llorando y nadie levanta la mirada. 

Siniestro total. Nadie pudo hacer nada.
Nadie quiso hacer nada.
Sólo verlo detonar.
Ya he amado, ya he querido, ya puedo vivir en paz. 
Ya puedo olvidarme de ese mundo caleidoscópico y quedarme a vivir en este lado de la cama. 
Al otro lado, un pensamiento recurrente que me acuna cada noche y me promete no abandonarme. 
Pocas promesas he creído tan firmemente.
No puedo librar más batallas. 

He olvidado cómo querer. 

Dedos que me señalan diariamente por confesarme negacionista de un sentimiento tan doloroso como absurdo. Sin entender que no lo niego, sólo me lo niego. 

Ojalá me vieran como yo me veo, amigos llenos de una esperanza irresponsable. Si pudiera volver atrás tendría otra piel. 

No puedo hablarte de mí, sólo del recuerdo de lo que una vez fui.

A veces pasa que alguien, aunque siga latiendo, muere. 

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