Le abrí mi corazón al océano pacífico
mientras me abrazaba la tripa
en cualquier estallido de risa.
Pero luego su agua me ahogó
y decidí quedarme quieta
y dejar que la corriente me arrastrase,
hasta que alguien me tomase por cuerda
y quisiera abrazarme.
Y ahora estoy aquí,
desesperada por esperar utopías,
hablando de amor y desamor
o de lo que quiera que fuera ese desastre.
Cómo iba yo a imaginar que el agua encogería al corazón,
quizá mucho más de la cuenta.
Puedo pintar tus labios sobre mi boca y hundirme.
Jugué
y no diré que perdí.
Me hiciste reina en el pequeño reino de las sábanas, me hiciste deseada musa.
Me hiciste feliz por un rato.
Jugué
y diré que gané
una felicidad de mercadillo;
que hasta eso me robaste.
Lo siento,
he estado ausente de ti,
y de mí.
Te mentí en cada barrera que puse,
pero ya han caído todas las que quedaban,
y yo con ellas.
No puedo escribir eso de sentir la ausencia de alguien que no se va físicamente,
pero te diré
que te comería el alma para que te quedases siempre
dentro de mí,
aunque para ello tuviera que ahogarme.
He muerto muchas veces,
cariño,
pero nunca me habían matado a sangre fría
y sin explicación.
Me arrancaste el alma y me dejaste desierta después de empaparme.
Ahora sé,
no debería haberme quejado cuando me matabas
acariciando mis vértices a modo de cosquillas,
abrazando mi piel con tu sonrisa, inundándome la piel de ti.
Letras de una persona vorágine.
lunes, 21 de marzo de 2016
La ausencia más dolorosa.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario