Sólo ha hecho falta un día de buen tiempo para darme cuenta. Me gusta la oscuridad, el silencio, el frío, la noche. Las mentes rotas. Sí, quizá todo tenga relación con eso. Rasgazos, grietas, ahogos, brechas, agujeros. Mentes rotas. Quiebras, personas desesperadas, destinos desesperados, llenos de sorpresas y explosiones. Mentes rotas. Qué sería un mundo sin mentes rotas. Por eso a veces el mundo me parece un lugar tan maravilloso, un refugio en la noche. Quizá es una cuestión de un sexto sentido pésimo encantador con el que he aprendido a admirar lo que nadie admira. Mentes rotas, fracturadas. Mundo roto, fracturado. ¡Cuán bello es!
No soy una buena chica, tampoco me molesto en serlo. Será que forma parte de este bucle, un bucle de mentes rotas refugiadas bajo ropas. No me comparen con suicidas, no me comparen, pues no hay mente semejante a la mía.
Letras de una persona vorágine.
viernes, 6 de marzo de 2015
Me gusta el sentido oscuro de la vida.
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