Abre sus puertas como una sonrisa.
Una sonrisa que va esperanzada desde el principio del alma a la boca.
Su corazón, sufrimiento, no agotas.
Sólo te nutre tu vívida esencia.
Eres mi casa, Madrid: mi existencia.
Heroico Madrid, cuna y sepulcro de mi revuelta adolescencia.
Como Gloria, no puedo decir: Madrid es mi tierra. Tengo que decir mi cemento -y lo siento-.
Todo se finge rápido y urgente
pero yo te recorro lentamente,
que las cosas del alma van despacio.
No sé qué pasa,
pero parece como si algo bonito fuera a llegar.
Últimamente a eso llamo libertad,
al sentir tanto que provocaría una hecatombe;
a sentirme cuerda y loca por tanta vorágine emocional.
Estaría bien volver a casa aunque fuera sólo para crearla.
Cada vez me siento un paso más cerca de la vida.
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