Letras de una persona vorágine.

jueves, 30 de julio de 2015

Verde esmeralda.

Que alguien le diga que vuelva.
Que alguien le diga que necesito su risa.
Que alguien le diga que necesito su mayor tesoro, su corazón. Sus ojos entregándome el cariño que no sabe dar físicamente, porque muy confundidos están los que creen que ese tipo de cariño no existe. He visto el mundo en su mirada, la desesperación, el enfado, la alegría, pero sobretodo, el amor.
Que alguien le diga que me duelen las cajas en la puerta.
Que alguien le diga que me lleve. A donde sea. Pero que no me deje aquí, sola.
Que alguien le diga que necesito su voz. En todos y cada uno de sus tonos.
Que alguien le diga que estará orgulloso de mí. Que mis éxitos serán sus éxitos y mis fracasos sólo piedras para saltar juntos.
Que alguien le diga que su ropa conserva su ímpetu.
Que alguien le diga que ha sido y seguirá siendo mi gran maestro. Y mi debilidad.
Que alguien le diga que es el mejor marinero que nunca ha abandonado este barco, ni cuando éste estaba a punto de tocar el fondo del mar.
Que alguien le diga que abrace y bese más, que no tema ni odie a la vida, que viva. Por mí, por él. Porque se lo merece.
Que alguien le diga que su ausencia siempre está presente, que no hay persona humana que pueda acostumbrarse a ella después de tantos años.
Que alguien le diga que lo nuestro siempre será nuestro y nunca dejará de ser nuestra seña de identidad, nuestra unión. Carolina, Cien gaviotas, Losing my religion, En algún lugar, Everybody hurts, y demás amenizando nuestros largos viajes de carreta en los que, a pesar de que a veces sólo se oía música, estábamos juntos, y eso era lo que nos llenaba.
Que alguien le diga que Shiny happy people siempre será la canción que juntos cantaremos a pleno pulmón y a viva voz, mirándonos y sonriendo.
Que alguien le dé las gracias, que alguien se lo diga, porque yo, señores y señoras, yo no tengo palabras.

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